Tomar, la última ciudad templaria


El grupo de Cext Viajeros por los rincones nos proponen esta semana una escapada a Portugal. En concreto a Tomar, la que es conocida como la última ciudad templaria. ¿Quieres conocer su historia? 


El 25 de diciembre de 1118, tras la primera cruzada y la constitución del reino latino de Jerusalén, nueve caballeros fundaron la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y se encerraron en el local donde había sido el templo de Salomón, donde permanecieron nueve años sin que se les conozca actividad alguna. De ahí, los misterios que alimentan su historia sobre si buscaban el Arca de la Alianza y el Graal.

Con el apoyo de San Bernardo, se crea formalmente la Orden del Temple, una organización de caballeros-monjes, independiente de todos los poderes y que sólo respondían ante el Papa. Pronto se hicieron conocer y su patrimonio no dejó de crecer. Tenían un talento administrativo y financiero que les permitía gestionar una gran fortuna, despertando envidias y codicia hasta que fueron disueltos en 1312 por una acusación, y en 1319, comprobada la falsedad de dicha acusación, se creó la Orden de Cristo, a quienes fueron transferidas todas las posesiones y regalías de los Templarios.

Los caballeros Templarios con su manto blanco y la cruz roja en el hombro izquierdo, y más tarde la Orden de Cristo (con la diferencia de que llevaban una cruz blanca inscrita en la roja para marcar la purificación de la orden), se fijaron en Portugal, llegando a Tomar. Se convirtieron en los primeros en formar una línea de defensa contra el sur musulmán, esparciendo castillos por sus dominios con capital en esta ciudad portuguesa.

Gualdim Pais levantó El Convento de Cristo, una iglesia fruto de la síntesis del occidente cristiano con la cultura oriental, que está considerada como la construcción religiosa más bella de los templarios en Europa.

Dicho Maestro también levantó el castillo románico de Almourol construido en una isla en el Tajo y la torre de cinco lados en el pueblo medieval de Dornes.

El convento de Santa Iria de estilo renacentista, los saltos de agua del dique de los Frailes (Açude dos Frades), el Ponte Velha (puente viejo) o la isla-jardín de Mouchao, son sólo algunas de las maravillas que esconde Tomar, pero sin duda alguna, los que más atención se merecen son el Convento de Cristo y la Iglesia de Santa María dos Olivais.

La ciudad de Tomar, última ciudad templaria, nació bajo la sombra protectora del castillo del Maestro Gualdim Pais. Un castillo, el Convento de Cristo, que guarda ocho siglos de historia reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

La Orden del Temple ordenó la construcción, que se inició en el año 1.160. Se trata de un ejemplar típico de la arquitectura militar del SXII.

La Torre del Homenaje, con su forma cuadrada guarda memorias antiguas y la lápida romana consagrada al Génio Municipi (espíritu protector de Sellium, la antigua ciudad romana donde se encuentra Tomar), gracias a que el castillo nunca cayó en manos enemigas a pesar de que la ciudad sufrió violentos combates, como está patente en la Porta do Sangue (Puerta de la Sangre). Ésta puerta se encuentra en el Sur de la muralla del castillo, en el norte está La Puerta del Sol, y la puerta de occidente encierra la “Charola”.

La “Charola” es una fortificación y templo contemporáneo al castillo. Las cruzadas le dieron la planta casi circular y sus proporciones, que la convierten más en una segunda torre de homenaje que en un local de culto. En el deambulatorio circular y con el encanto prestado por la leyenda, los mojes guerreros asistían al oficio religioso montados a caballo.

El interior de la “Charola” fue decorado a lo largo de todo el SXVI, convirtiéndose en un extraordinario ejemplo de la escultura y la pintura del siglo de oro portugués.

El Convento de Cristo está formado por siete claustros y otros edificios, cuenta con notables obras de arquitectura, entre las que destaca el Claustro de D. Joao II, considerado por muchos como el más monumental de las obras renacentistas, concebido por el arquitecto Diogo de Torralva. Se trata de un claustro de una grandiosidad solemne y fría, impresionante por la pureza de las formas y la geometría de la composición. En el centro hay una fuente, que aporta una musicalidad sobria a la austeridad del lugar mediante el eco del agua. Además, también podemos visitar el Claustro de los Lavatorios, el de D. Enrique, el de los Cuervos o el Claustro de Santa Bárbara, en el que se encuentra la Ventana del Capítulo, con vistas a la playa lusitana.

A la salida del Castillo nos encontramos con el “Aqueduto dos Peg*es”, una notable obra de ingeniería que abastecía de agua al convento.

La Iglesia de Santa María se construyó a mediados del SXIII con la función de servir de panteón a los Maestros templarios hasta que muchas de ellas se destruyeron en unas obras de siglo XVI, salvándose, entre otras, la lápida de Gualdim Pais, que está en la segunda capilla del lado sur. Además, esta iglesia tuvo un papel pionero en los inicios del gótico, ya que sirvió de modelo a las iglesias de tres naves, debido a su elegancia, la levedad de su espacio interior, la abundancia de la luz que entra por el rosetón .

El altar mayor es una pieza de singular belleza de formas y abundante luminosidad, escenario ideal para admirar la imagen de la Señora de la Leche, una fabulosa y tierna imagen de un acto deliciosamente humano de ella acariciando el pie del Niño, mientras éste se alimenta.

En el atrio, se alza una torre de creación medieval que inicialmente tuvo la función de atalaya, pero más tarde se adaptó a campanario.

El pueblo medieval de Dornes está situado en una península que entra por el Zêzere, asemejando a un barco. Se trata de un lugar con un interés histórico y cultural enorme, y uno de los más protegidos y característicos de la zona. Está delimitado de forma soberbia por el marco paisajístico que le otorgan el río y los pinares. Cuenta con casas de antigua construcción donde se pueden contemplar los vestigios de la poderosa Orden de Cristo y calles de trazado medieval construidas con adoquines que desembocan en el río y la iglesia.

La torre templaria de Dornes sorprende por lo inusual de su forma, se trata de un ejemplar rarísimo de la arquitectura militar de los tiempos de la Reconquista.

Fue construida para defender la línea del Tajo, sobre una antigua torre romana, garante de la seguridad para la explotación del oro que hacía ese pueblo en el Zêzere.

La pizarra de esquinas calcáreas con marcas de los canteros medievales, y el tranquero de la puerta, también calcáreo, con una estela funeraria decorada con símbolos guerreros, son algunos de los detalles del exterior de la torre.

En su interior, se encuentran varias estelas funerarias de la época en que los caballeros templarios defendían el territorio de agresiones musulmanas.

Pasados los tiempos de la función guerrera de los guerreros-monjes, la torre se convirtió en campanario, y a su sombra nació la iglesia, q está asociada a la leyenda y culto de la Señora del Planto.

En el interior de esta iglesia, destaca el órgano de tubos que se encuentra en un estado estupendo, de hecho, es utilizado frecuentemente en los conciertos, aprovechando su espectacular acústica.

La iglesia de Dornes está revestida de buenos azulejos. Destaca también la imagen de Santa Catalina, aunque todas las atenciones son para la Señora del Planto que preside el altar mayor.

Fuente y fotos: Europa Press

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